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Un Paseo Hasta el Río Liffey – «El Puente del Medio Penique»

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Si vas a Dublín es obligatorio pasear por su calle peatonal de Grafton Street, en la que se encuentran las tiendas más prestigiosas de la ciudad, no es una calle muy larga, pero en ella encontrarás restaurantes de comida rápida, tiendas de recuerdos o tiendas de firmas más conocidas por nuestros bolsillos, etc….

Tras cenar en esta calle el 6 Diciembre de 2007, decidimos dar un paseo nocturno, esta vez a pie…jaja ya tuvimos bastante con la aventura de la bicicleta.
Bueno, ¿Nos acompañas en nuestro paseo nocturno hasta el río Liffey?
porque así es como se llama el río que pasa por esta ciudad, aunque a Estela le costo aprenderlo, al final creo que no lo olvidará.
Para acompañarnos debes saber que nos detuvimos en los escaparates, por si nos podíamos permitir algún capricho que otro, la verdad es que rápidamente desistimos, siempre viajamos con bajo presupuesto 😦
También debes saber que nos detenemos cada dos segundos para hacer cualquier fotografía sin sentido para los demás, pero para nosotras mas de lo que te imaginaras, que le vamos hacer, así somos nosotras.
El ambiente que se respiraba era joven y vivo a pesar del frio que hacia en pleno diciembre, algún músico callejero que ameniza nuestro paseo, hasta que esa música se convierte en el ruido que se escapa al abrir y cerrar las puertas de los locales en el barrio del Temple Bar, de los cuales pasamos de largo debido a su cercanía, decidimos que luego regresaríamos a tomar una pinta acompañada de buena música en vivo.

Por fin Llegamos!!! tras andar 10 minutos estábamos junto a su río «El Liffey», que atraviesa la ciudad hasta desembocar en la bahía de Dublín en el mar de Irlanda, uno de los puentes que lo cruza se le llama «Puente del medio penique» (Ha’penny Bridge) pero oficialmente Puente de Wellington, es llamado de esta manera por el peaje que debian pagar los ciudadanos que quería pasar de un lado del río al otro, desde su construcción en 1816 hasta 1919 donde se dejó de abonar, y en segundo lugar por el parecido que tiene con el canto de la moneda.

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¿Quién es esa tal Molly Malone?

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Creo que la mujer más fotografiada de todo Dublín es » Molly Malone», te preguntarás ¿Quién es esa tal Mally Malone?.
Así empezó nuestro viaje a Dublín, haciendo la misma pregunta el 6 Diciembre del 2007.

La leyenda Irlandesa cuenta que esta mujer se paseaba por el puerto de Dublín empujando su carretilla gritando ¡¡Cockles and Mussels!! (Mejillones y Berberechos), todo el mundo la conocía debido a que toda su familia se dedicaba al negocio del pescado. Se cuenta que esta no era su única profesión, que por las noches abandonaba este negocio para dedicarse a la que se dice ser la profesión mas antigua del mundo «la Prostitución», esto pudiera haber sido solo un rumor que hicieron correr las mujeres en aquella época por envidia a su belleza.

¿Quién es esa tal Mally Malone?

Spanish Ladies y Mally Malone 😉

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Escapada a Fez (Puente de Mayo)

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Estoy en el aeropuerto de Barajas, sola y algo inquieta. He ido a Fez muchas veces ya, pero esa ilusión de viajar, desconectar, abrir los ojos y verte sumergida en una cultura tan distinta pero a la vez tan cercana, me estremece.

Faltan quince minutos para que abran la puerta de embarque, mientras, espero sentada observando a la gente de mi alrededor; algunos llevan grandes maletas (que deberían haber facturado..), otros miran a cada instante la puerta con los ojos brillantes, hay niños correteando por la terminal, gente sacando bebidas de las máquinas…A todos nos une una cosa: este viaje a Marruecos, aunque cada uno de nosotros vaya por un motivo diferente. Mi historia es muy larga de contar, quizá algún día me atreva a compartirla con todos vosotros, de momento diré que me siento bastante unida a esos tés, a esos llamamientos al rezo varias veces al día desde las mezquitas, a ese aroma a dulces e incienso de las calles, a ese idioma diferente…

Es la hora de subir al avión; la fila es bastante inestable y puedo ver cómo algunos árabes espabilados intentan adelantar posiciones..
Una vez dentro de este Boeing 737-800 elijo un asiento de ventanilla, lo más al fondo posible de la cabina, desde aquí puedo ver todo sin ser vista, aunque realmente pienso que acabaré durmiendo un poco. Las azafatas de Ryanair comienzan a repartir sus revistas mientras los últimos pasajeros toman su asiento.
-«Señores pasajeros abrochen sus cinturones, en breves momentos procederemos a despegar»
Me encanta este momento, ver cómo se va quedando pequeñito Madrid mientras nos perdemos entre las nubes.

Dentro de una hora y media me encontraré en Fés Sais, centro cultural y espiritual de Marruecos.

Dos y media (hora local), llegamos con veinte minutos de adelanto. Ahora toca el control de pasaportes, pero ya sé cuál es la fila del policía que los sella más rápido; me dirijo allí sin dudar pensando en el couscús que me espera, el mejor couscús de todo Marruecos.

Estoy subida en el avión de vuelta a Madrid. Me entristece tener que regresar. Estos cuatro días fueron tan especiales que no encuentro las palabras exactas para expresar los momentos que viví. Voy a optar por enumerarlos:
Comí couscús, bastela de pollo, sus distintos tipos de crepes, bebí sus tés y «Hawai», paseé en moto por sus calles tanto de día como de noche que es realmente precioso, sobretodo cuando coincide con la estancia del rey Mohamed VI, ya que encienden millones de lucecitas por las calles (estilo navidad) para honrar su presencia, me regalaron un kaftan, que es un vestido de fiesta típico marroquí, canté, reí, jugué, bailé la danza del vientre con unas niñas, hice nuevos amigos y saludé a los antiguos, derroché amor por mis poros y lo derrocharon conmigo, escuché cantos de allí, recorrí la Medina callejeando por sus millones de rincones, compré pendientes, hice fotos, regalé juguetes, dormí genial en una casa enorme tipo riad desde la que a veces escuchaba caer la lluvia en el tejado y otras veces el piar de los pájaros, me sentí feliz, volví a admirar la puerta azul y verde (Bab Boujloude) que es una de las entradas a la zona antigua, y aprendí a contar hasta diez en árabe.

Fés Sais: en poco tiempo te has ganado un gran hueco en mi corazón y me escaparé siempre que me sea posible a visitarte, inchaallah.

Novatas en Dublín (1º dia)

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Llegamos a Dublín un 6 de Diciembre del 2007, cargadas las maletas de ropa de abrigo y muchas ilusiones, aunque sabíamos que existían varios autobuses que te llevaban hasta el centro de la ciudad, nosotras decidimos coger un Taxi (unos 20 euros) hasta nuestro alojamiento Grand Canal Hotel, donde nos recibió Verónica una recepcionista muy amable que nos facilitó las cosas al hablar perfectamente Español.
Ya eran las 21:00 hrs cuando nos instalamos en la habitación y decidimos lanzarnos a la calle, sabíamos que los horarios para salir de los dublineses empezaba muy temprano, lo descubrimos en el ascensor del hotel, donde creo que un hombre estuvo dentro de él horas, subía y bajaba acompañando a todos los huéspedes con su correspondiente borrachera….jajaja.
Ahora es donde pagamos nuestra primera «Katetada» , al salir de hotel pasaba por allí un chico con una bicicleta, de esas en la que atrás lleva asientos…jejeje.
Estela todo animada le pregunta: ¿How much?
El chico responde: ooohh¡¡ only 7 pavos to the center..jajaja.
Nos montamos, el chico empieza a pedalear y a tocar la campanilla «piticlín piticlín», el aire era super frió, nos da igual estamos felices y pasándolo genial, aunque el aire ya empieza a hacer daño en nuestras frágiles caras y manos (diciembre, no se que esperábamos)."Nuestro chico ciclista"
De repente accede a una calle más oscura, aparece un colega en otra bici, se oye una sirena en una casa, nosotras empezamos a sentirnos incomodas (todo esto grabando con la cámara) una calle corta que se nos hizo eterna….uuuffff¡¡¡ menos mal¡¡¡ salimos sanas y salvas, solamente es un atajo para salir a una de las calles principales North Baggot street, que se encuentra junto al parque St Stephen’s Green allí le pedimos que no deje de tocar el «piticlín, piticlín» hasta nuestro destino en West Grafton Street, donde llego nuestra sorpresa… De 7 euros nada, 14 euros porque somos dos, en otra situación entraríamos en discusión, pero el muchacho pedaleo como un campeón, bajaba y subía de la acera para asustarnos forzando nuestras risas, finalmente lo pagamos pensado que se lo tenía bien merecido.