Archivo de la categoría: PENSAMIENTOS

Esas voces de mi cabeza…

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–  ¡Qué maravillosa sencillez!

Al estar acostumbradas a lo que veíamos en la religión de nuestro país, la católica, todo tan agolpado de estatuas, capillas y demás parafernalia de las iglesias, aquello que ahora contemplábamos nos sobrecogió. Además de sentir la moqueta mullida en nuestros pies desnudos, y notar constantemente ese pañuelo cubriendo nuestro cabello, nos quedamos fijamente mirando las enormes lámparas, circulares y bajas que colgaban del techo, y los símbolos en árabe de las paredes que tanto nos gustaban. Allí todo era silencio. Nos dedicamos a observar y a pensar.

Mezquita Estambul

Mezquita (masyid), que quiere decir lugar de postración, bien puede ser cualquier sitio donde el musulmán se arrodille ante Al-lah en su rezo, por lo tanto no tienen que ir hasta allí para las cinco oraciones diarias obligatorias (Salat), aunque Mohammad (su profeta) enseñó que era mejor hacerlo así, y que serían recompensados. Antes de los rezos deben lavarse (abluciones).

Estas cinco oraciones son:

Salátul Fayr: oración de la madrugada.

Salátul Dhuhur: oración de después del medio día.

Salátul ´Asr: oración de la tarde.

Salátul Magrib: oración del ocaso.

Salátul Ishá: oración de la noche.

¿Y cómo no quedar prendada del Adhán? Esas voces armoniosas que surgen de los minaretes de las mezquitas para recordar a sus creyentes cada uno de los cinco momentos de oración.

Las escuchas y te gustan, las vuelves a escuchar y te envuelven…y piensas… ¿qué estarán diciendo en estas llamadas al rezo?

“Dios es Más Grande, Dios es Más Grande,

Dios es Más Grande, Dios es Más Grande.

Atestiguo que no hay más dios que Al-lah,

Atestiguo que no hay más dios que Al-lah.

Atestiguo que  Mohammad es el Mensajero de Al-lah,

Atestiguo que  Mohammad es el Mensajero de Al-lah.

Venid deprisa al rezo, venid deprisa al rezo.

Venid deprisa a la prosperidad. Venid deprisa a la prosperidad.

Dios es Más Grande, Dios es Más Grande.

No hay más dios que Al-lah.”

                                                        

 

 

“¡Vosotros que creéis! Cuando se llame a la Oración del Viernes, acudid con prontitud al recuerdo de Dios y dejad toda compraventa; eso es mejor para vosotros si sabéis”.

(Corán 62:9)

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Carta a mi amiga viajera.

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Querida amiga viajera, te escribo esta carta porque siento la necesidad de expresarte lo mucho que te quiero. Hace días amanecía rodeada de gente en una ciudad europea, compartí jornada con todos ellos sin esfuerzo  con el entusiasmo que me invade cuando algo me apasiona, recorriendo sus calles como siempre hice contigo. Pero tuve la necesidad de parar el tiempo, disimulé mientras bromeaba analizaba e intentaba descubrir el porqué tenía esa visión relajada de aquel lugar. Solo quería quedarme durante horas junto aquel canal, viendo como se dormía la ciudad, sin prisas, sin rutas ni pautas que seguir, sin compartirlo, sin debatir qué hacer con los pedazos de mi tiempo. Lo sé, es el momento de partir sola, ya me veo buscando mis propias historias; sonrío sola un pequeño instante al imaginármelo.

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Imposible olvidarlo

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Nevaba, era una de esas mañanas blancas y especiales en las que se para un poco el movimiento de la ciudad y ésta consigue relajarse. Los coches no pueden circular, no se va al trabajo ni al colegio. La gente se queda en su casa con su familia y se dedica a sentir.
O quizá salía el sol, un precioso sol radiante que incitaba a pasear, a jugar en los parques, a disfrutar de la gente que quieres, ese sol calentito que te hace sonreír, que te hace ser feliz.

Me desperté tarde, pasadas las doce, dí mil vueltas en la cama antes de levantarme, estaba tan agusto arropada…el reloj parecía congelado, sentía que el día era eterno.
O quizá me desperté temprano, antes de las siete, mi cuerpo se sentía activo, quería hacer mil cosas, ir a mil sitios, ser fugaz.

Preparé el desayuno, me detuve en cada detalle, puse mi mantel preferido en la mesa, coloqué un centro de flores rojas e hice chocolate calentito que eché en mi taza anaranjada a juego con las servilletas. Me senté y disfruté.
O quizá no preparé el desayuno, tan sólo bebí de pie algo de café de ayer con leche, y metí unas galletas en mi mochila para luego junto a un brick de zumo de melocotón. Abrí la puerta de la calle y salí.

Llevaba puesto un abrigo largo marrón con botones delante y muchos bolsillos; unas botas altas de un marrón más oscuro, una bufanda y un gorro beige. Mis manos, enfundadas en guantes de lana, sentían penetrar el frío.
O quizá llevaba puestos unos shorts con una camiseta de algodón blanca despillada; mis playeras rojas con la puntera de goma y mis inseparables gafas de sol negras.

No sé si había estado andando mucho tiempo o si fue al comenzar, no sé si tenía el presentimiento de que pasaría o si ocurrió sin más, si me dirigía a algún sitio o si había un por qué. Sólo consigo recordar el momento en que te ví, el instante en el que me enamoré; mi corazón palpitaba con gracia diciéndome que eras tú con quien pasaría feliz el resto de mi vida. Y es desde entonces que mi memoria sí se encarga de guardar cada hecho, cada palabra, cada gesto, cada aroma, cada sentimiento o instante a tu lado amor, porque todo junto a tí se hace tan especial que me sería imposible olvidarlo.

De camino a América…

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En este viaje no tengo la sensación de irme tan lejos como en verdad lo estoy haciendo, imagino que mi cerebro aún no ha asimilado que…viajamos a EEUU!!

Por la mañana, supertemprano, suena mi despertador y me levanto sin ninguna pereza (ésto sólo me ocurre cuando merece la pena el madrugón…). Todo listo, desayuno, me visto y reviso que no falte nada de lo imprescindible en mi maleta. Rosa y yo nos mandamos unos whatsapp para comprobar que todo va ok y…rumbo al aeropuerto!
Este viaje, al haber sido un poco de sopetón y en las circunstancias en que se ha dado, no lo llevamos muy estudiado, quizá de ahí mi sensación, vamos un poco a la aventura, aunque he de confesar que así a mí un poco sí me gusta!

Rosita últimamente llega más tarde que yo a los sitios…la habré pegado con el tiempo mi impuntualidad? Jaja (sí, por unas veces ahora llamamé mataperros..jaja). Nos encontramos en Nuevos Ministerios y enseguida la primera duda por falta de preparación…De qué terminal sale nuestro vuelo? Menos mal que teniendo internet en el móvil…Sale de la T1.

Vaya con los controles para ir a América! Ya desde Barajas haciéndose notar: Para qué vais a USA? Dónde os alojareis? Tenéis el ESTA? Dónde habéis hecho la maleta?(en serio..? en casaaaa!!)
El vuelo 749 destino Charlotte, de la compañía US Airways es perfecto para personas muy calurosas…pero yo…qué frío! Menos mal que envueltita en la manta que te dan se está más agusto.
En el avión tenemos que rellenar una hoja para la aduana. Nos ponen un vídeo explicativo del procedimiento a seguir en Charlotte antes de coger en la escala nuestro vuelo-conexión a Providence…buff, sólo tenemos una hora y veinte, nos dará tiempo?

En la cola de aduanas había demasiada gente y vimos a una chica muy maja que iba en nuestro avión (sentada al lado) más adelante en la fila, la preguntamos la hora y…quééé??!! Nos quedaba media hora y aún teníamos que pasar aduana, recoger maleta, re-facturarla, pasar el control y buscar la puerta de embarque destino Providence…Rosa actúa de reflejo rápido e impulsivo y, aunque a mi me daba un poco de cosa, hablando con la chica deciden colarnos, siiiii!! conseguimos adelantar un buen trozo!
Nos toca aduana número 10, no nos dejan ir juntas, primero se acerca Rosa: Escanean las huellas de sus manos, la toman una foto, comprueban sus datos, no lleva ni fruta ni más de 10000 dólares en la maleta, pero…decidieron quedarse con su pasaporte y llevarla a una sala con más gente para «hacerle unas preguntas». Yo desde atrás lo flipo. Imagino que estos controles los harán aleatorios, pero…justo le tenía que tocar a Rosa en este trayecto que no tenemos tiempo, sola,…y con su inglés?
Re-facturo mi maleta y voy yendo hacia la cola del control para hacer tiempo hasta que vuelva Rosa.

Como os podéis imaginar perdimos el vuelo de conexión, pero no por un poquito no, por más de media hora.
Cuando apareció Rosa le pregunté que qué tal, que cómo había sido; me contestó que volvieron a preguntarla lo mismo y un par de cosas más, pero que las entendió (bravo Rosa!) y supo responder (sabes más inglés del que crees!), a otras personas les pasaron la maleta por el escáner pero a ella no.   nada, sería rutinario pero a mí me hacía mucha gracia, me entraba la risa tonta (por la situación) y un poco nerviosa (por la hora). Rosa un rato antes me hizo comentarios sobre un programa que vio en la TV sobre estos cuartos y preguntas de las aduanas, jajajaja, bien, pues ya lo has comprobado personalmente!! Jajajaja
Fuimos a un mostrador y nos dieron otros billetes a Providence en el siguiente vuelo de US Airways para una hora después.

Así que bueno, una anécdota más…, tampoco fue tan mala la experiencia aeroportuaria 🙂