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Acerca de Estela

Soñadora y espontánea, me dejo llevar por la vida deseando constantemente respirar ese aire de libertad que siento cuando viajo.

La playa de Madrid

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¿Cómo que en Madrid no hay playa?

Bueno…, quizá no como tal, pero contamos con un pantano que puede ser un sustitutivo perfecto, cercano y muy acogedor: el Pantano de San Juan.

Siguiendo la M-501 podemos llegar a este embalse, situado en el extremo suroccidental de la Comunidad de Madrid, en los municipios de San Martín de Valdeiglesias, El Tiemblo, Cebreros y Pelayos de la Presa.

Es el único embalse de nuestra comunidad en el que está permitido bañarse, y menos mal, porque cuenta con 14 kilómetros de playas!  También están permitidas las actividades acuáticas a motor y otros deportes náuticos.

Es el lugar pefecto para escapar de la ciudad y relajarse (sobre todo en primavera, o entre diario en el verano, ya que este mágico lugar no es un secreto para mucha gente y los fines de semana se llena de visitantes…).

Si aún no lo conoces te recomiendo que te acerques y descubras por ti mism@ por qué digo que en Madrid SÍ HAY PLAYA 🙂

Pantano de San Juan

Mi Salto Tándem

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Sí, era una de las cosas que deseaba hacer desde hace unos cuantos años; sí, sentía que tenía que hacerlo al menos una vez en mi vida; pero nunca encontraba el momento adecuado así que decidí ponerme fecha: en junio de 2012 realizaría un salto tándem, un salto en paracaídas junto a un monitor experimentado.
Pero dónde? Comencé a comparar en las webs los distintos precios y zonas…hasta que apareció SKYDIVE -Empuriabrava y me decidí. Encontré muchas razones para escogerlo: la empresa lleva muchos años realizándolo, las vistas que vería con costa serían espectaculares, está en Gerona con lo que podría aprovechar también esta escapada para visitar junto a Rosa el museo de Dalí (que llevaba tiempo queriéndomelo enseñar), y podríamos tener sesión de playita.
Tantas buenas razones… que allí fuimos!!!
Nuestro amigo Kike se apuntó a esta escapada, ya que también quería hacer tándem, por primera vez.
(En este post me voy a centrar en el salto tándem, Gerona creo que se merece una entrada aparte).
Llegó el día (de hecho el primer día de los que estuvimos allí); después de comer algo suave nos dirigimos a SKYDIVE.
Nos dieron un papelito y nos dijeron que esperáramos un poco para la explicación. En este punto, mis enormes ganas de saltar se mezclaron con un «Estela, por qué te metes en estas cosas…?»
Pasamos a la explicación, luego avasallé a preguntas a mi «encantador» monitor (pobre la que le cayó conmigo…jejeje), pero me moló mucho cómo me explicaba todo desde un punto de vista un tanto ZEN:

«Cada uno hace su salto como desea que su su salto sea»

«Si vas relajada y acompasas la respiración te encantará»

Llena de energía, motivada e impaciente me dirigí junto a Kike, los demás que se iban a tirar y los monitores a una avioneta (qué ruido!) que nos llevaría a 4000 metros de altura. Según íbamos ascendiendo se me venían a la cabeza pensamientos contradictorios como:

-«…Quién me mandaría a mí hacer esto…»
-«Waaaaaaaa!! cómo molan las vistas!!!»
-«…Lo peor es que vengo de voluntad propia y pagando por ello…»
-«Estoy deseando tirarme yaaaaaaa, se tiene que salir!!!»
Se acerca el momento. Los monitores se «enganchan» a nosotros y nos colocan las gafas. Se abre la puerta y…
…yo era la penúltima (el último era Kike, que aparentemente estaba bastante relajado…) asique fuimos viendo cómo saltaban los anteriores.
Respiraba profundo y estaba nerviosa pero sonriente de camino a la puerta de la avioneta. En el borde mi monitor me dijo:
-«Lo ves? Saca la mano para afuera! Vas a disfrutar…!!! Estás preparada??»
-«Síííííííííííííí!!!!!!»
http://youtu.be/2A_ApdBUFyg
Qué sensación más maravillosa!! Nada más tirarte sientes que «el aire te abraza», la presión es más fuerte y te sientes protegido; y aunque es sólo un instante (creo que sobre un minuto) en la caída libre hasta que se abre el paracaídas te da tiempo a disfrutarlo, a sentir libertad, a flipar!!!  y es que caes a una velocidad de unos 200km/h!!
Una vez abierto el paracaídas (no da ningún tirón, a diferencia de lo que pude pensar antes de hacerlo…) te sumerges en una sensación de paz, ahora el ruido que provoca el aire es menor, valoras las vistas, en realidad no parece que estés cayendo ya que estás  aún a tanta altura que no aprecias cómo te acercas al suelo hasta que no estás bien cerquita. En este tramo puedes incluso hablar con tu monitor, manejar el parapente (divertidísimo dar vueltas…!!) y ensayar la colocación de las piernas para el aterrizaje.
Cinco minutos, sólo cinco minutos (que no se te hacen ni cortos ni largos) y qué experiencia tan increíble!!! 

Si no costase lo que cuesta me tiraría en cada semana, jajajaja, aunque imagino que esta primera vez es la más relevante, no sabes cómo va a ser, tienes incertidumbre, más nervios, pero sobre todo, más ilusión.

Como conclusión destacar que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida y que me alegro, me alegro, me alegro de haber hecho realidad este reto que tenía pendiente. Aunque ahora, habrá que ir buscando más… 😉

 

VIENA «Guten Morgen»

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Es verdad que Viena se puede conocer en tan solo unos días, de hecho mucha gente hace la ruta Praga-Viena-Budapest, pero no fue mi caso; fui en Septiembre tres días a disfrutar  de esta encantadora ciudad en la que lo antiguo y lo actual se funden en una bonita coexistencia.

Desde el aeropuerto resulta fácil llegar al centro de la ciudad, ya que cuenta con un tren llamado CAT (City Airport Train) que realiza este recorrido directo y tarda unos quince minutos. Hay muchas máquinas para comprar el billete de manera sencilla por todas partes: donde se recogen las maletas, según te acercas a la estación, en los andenes… (cuesta 11 euros).

Esta ciudad cuenta con tres palacios: Schönbrunn, Hofburg y Belvedere. El más importante y grande es sin duda el Palacio Schönbrunn (el de Sissi la emperatriz) y el que más historia encierra entre sus muros. Pero a mí, personalmente, el Palacio Belvedere, que aunque en la actualidad en su interior ya no quede nada de lo que fue y haya sido transformado en museo, me transmitió según me acercaba una templanza y equilibrio que no consiguieron los otros, convirtiéndose así en mi favorito.

 

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Imposible olvidarlo

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Nevaba, era una de esas mañanas blancas y especiales en las que se para un poco el movimiento de la ciudad y ésta consigue relajarse. Los coches no pueden circular, no se va al trabajo ni al colegio. La gente se queda en su casa con su familia y se dedica a sentir.
O quizá salía el sol, un precioso sol radiante que incitaba a pasear, a jugar en los parques, a disfrutar de la gente que quieres, ese sol calentito que te hace sonreír, que te hace ser feliz.

Me desperté tarde, pasadas las doce, dí mil vueltas en la cama antes de levantarme, estaba tan agusto arropada…el reloj parecía congelado, sentía que el día era eterno.
O quizá me desperté temprano, antes de las siete, mi cuerpo se sentía activo, quería hacer mil cosas, ir a mil sitios, ser fugaz.

Preparé el desayuno, me detuve en cada detalle, puse mi mantel preferido en la mesa, coloqué un centro de flores rojas e hice chocolate calentito que eché en mi taza anaranjada a juego con las servilletas. Me senté y disfruté.
O quizá no preparé el desayuno, tan sólo bebí de pie algo de café de ayer con leche, y metí unas galletas en mi mochila para luego junto a un brick de zumo de melocotón. Abrí la puerta de la calle y salí.

Llevaba puesto un abrigo largo marrón con botones delante y muchos bolsillos; unas botas altas de un marrón más oscuro, una bufanda y un gorro beige. Mis manos, enfundadas en guantes de lana, sentían penetrar el frío.
O quizá llevaba puestos unos shorts con una camiseta de algodón blanca despillada; mis playeras rojas con la puntera de goma y mis inseparables gafas de sol negras.

No sé si había estado andando mucho tiempo o si fue al comenzar, no sé si tenía el presentimiento de que pasaría o si ocurrió sin más, si me dirigía a algún sitio o si había un por qué. Sólo consigo recordar el momento en que te ví, el instante en el que me enamoré; mi corazón palpitaba con gracia diciéndome que eras tú con quien pasaría feliz el resto de mi vida. Y es desde entonces que mi memoria sí se encarga de guardar cada hecho, cada palabra, cada gesto, cada aroma, cada sentimiento o instante a tu lado amor, porque todo junto a tí se hace tan especial que me sería imposible olvidarlo.